Cuentos para no dormir

Y ahora atención!... En exclusiva para todos vosotros, porque sé que siempre lo habíais deseado: Mi relato, ya publicado en mi blog en català sobre un día, (concretamente, un sábado) en la vida de un quiosquero. Ya no soy quiosquero pero me dediqué a ello casi cinco años, hasta que el año pasado tuve que dejarlo para no volverme loco...:

6:00 de la mañana. Suena “Ring of fire”, el entrañable clásico de Johnny Cash que he configurado hoy como despertador en mi nuevo y estupendo móvil.
Tres segundos después, paro la canción y vuelvo a dormir, hasta que pasan cinco minutos, y el estridente Bip bip de la Nintendo Ds, estratégicamente configurada para sonar después del móvil, me hace levantar de la cama malhumorado... pero no me desvelo todavía, vuelvo a hacer el manta, porque sé que 5 minutos después sonará el radio despertador como último toque de emergencia para poder llegar a tiempo al trabajo.
Mes o menos rápidamente, busco calzoncillos en la habitación de mi hermano, porque en mi cajón no queda ninguno, y calcetines en una bolsa de plástico donde acostumbramos a echarlos para después jugar al divertido juego de encontrar la pareja, hasta que ya con toda la ropa necesaria para vestir como un elegante y glamuroso quiosquero, voy a la ducha, y después de una limpieza a fondo de mi musculoso cuerpo de atleta, me visto allí mismo, agarro la bicicleta, y venga, para abajo, que hace bajada.
Son casi las 7:00. En esta época del año el sol ya ha sacado la cabecita y empieza a amanecer, (cosa que personalmente agradezco), y con el tiempo demasiado justo, llego a la puerta del quiosco, donde ya espera el señor Carlos, aprendiz de quiosquero que paradójicamente casi me dobla la edad, y que ocupará mi lugar enseguida que esté suficientemente preparado para llevar el solo esta carga, mezcla de misión divina y vía crucis, que es el oficio de quiosquero. Cómo el tiempo es justito y enseguida empezarán a venir clientes ansiosos de papel, agarro la carretilla y voy hacia la plaza del ayuntamiento a cargar periódicos. Los dejan allí, lejos de la tienda, porque por lo visto, las veces que lo han intentado traer directamente a la puerta, (con la tienda todavía cerrada, quiero decir), ha desaparecido género y ha habido sorpresas desagradables.
Los Sábados la cantidad de diarios es mucho más bestia, porque acostumbran a dejar también los suplementos dominicales del día siguiente... así que hay casi para 3 viajes con el carrito, pero si uno se lo monta muy bien, se puede hacer en dos viajes lleno hasta arriba. Cargo un primer viaje con todos los diarios imprescindibles, y cuando llego, Carlos ya tiene la tienda bastante montada para empezar a colocarlos en sus espacios correspondientes. El segundo viaje lo hace él, (normalmente debería hacerlo todo yo solito), mientras yo encarto 75 suplementos en “El Mundo deportivo”, que hoy trae un puñetero suplemento sobre partidos Barça Madrid, y unos 15 más de “El mundo de Pedro Jota”, que trae la revista “Yo, dona”, (manda webs). Para acabarlo de redondear, “El Periódico”, (el diario que se llama “El periódico, quiero decir, y que se edita en edición en catalán y en edición en castellano), como están haciendo la promoción "Fotos de Cataluña antes y ahora", no trae el suplemento de “teletodo” (el de la programación de la tele), encartado dentro, pero este si que ya no lo encartamos, porque tenemos demasiada cantidad, y hacerlo, aparte de una gran pérdida de tiempo, supone que los montones de diarios pierdan su equilibrio natural, así que dejamos al lado de los periódicos una caja con los suplementos, de forma que la gente avispada lo entiende enseguida, y el otro tipo de gente, que es la gran mayoría, nos pregunta donde está la revista, se la olvida, la busca y no la encuentra, se lleva el suplemento en catalán y el diario en castellano, se lleva 3 suplementos en lugar de uno, y mil combinaciones rocambolescas más.
Después tenemos dos páginas enteras con listas de personas a quienes se debe reservar uno o más periódicos y revistas, algunos se llevan de 7 a 14 diarios. Otros son subscriptores exigentes que no suponen prácticamente ningún beneficio monetario para el quiosco, pero que creen que tienen que ser tratados como príncipes, entre ellos los chóferes de la alcaldesa y otras perlas... y ay de ti que un día te despistes y se queden sin algún diario, o una de las estúpidas promociones de turno, del estilo de los cucharones de la vanguardia, porque esta gente no perdona, son bien capaces de sacar uñas y dientes por un cubierto de 50 céntimos, o por un “plumón de la afición” (una chaqueta de invierno) cómo el que dieron con el mundo deportivo no hace mucho...
Dentro de estos diarios reservados, hay algunos que son para clientes con quienes hay mas confianza o buen rollete, a estos les podemos recortar los cupones de las diferentes promociones del día, de forma que podemos vender las películas de “El Periódico” al típico comprador de “La Vanguardia” (estos son los dos diarios no deportivos que mas se venden en Cataluña), que no quiere comprarse el otro diario, y viceversa, y lo mismo con todos los demás diarios y promociones.
El paso siguiente es hacer la devolución de diarios del día anterior. Esto normalmente se hace al final del día, pero los viernes y sábados se puede dejar para la mañana siguiente, porque no los recogerán hasta primera hora del Lunes. Una vez terminado con esto, si no queda nada por ordenar, ya podemos empezar a respirar y, puesto que en este momento, excepcionalmente, somos dos quiosqueros, pensar en ir a tomar un cafetillo. Normalmente, si estoy yo solo, Irma, mi amiga camarera del bar cercano, pasa a verme y me lo trae, pero hoy vamos más relajados, así que salgo, pero no al bar de Irma, porque el ambiente es bastante asfixiante y hay demasiada clientela y conocidos, sino a uno bastante más “pijo” pero también muy tranquilo a esas horas, es decir, a las 9:00 de la mañana. (Al mediodía está muy lleno de gente y tampoco es muy soportable el ambiente).
La pausa me permite tomar un poco de aire e intentar relajar los hombros, porque a primera hora siempre voy histérico para terminar rápido las primeras cositas, puesto que a partir de las 10:00 de la mañana, ya no hay tiempo de nada, ya que llega la marabunta humana y hay que atender a cuatro manos y con celeridad, si no quieres que se te formen colas y atascos y empezar a oír un ridículo concierto de soplidos, gruñidos y peleas por quién era primero o quién era segundo en la cola. Siempre que hay peleas de este tipo, yo digo: "tranquilos, no se peleen, los daré un palo a cada uno, y quien sobreviva al combate es quien tiene el turno". No acostumbra a hacerles mucha gracia...
Y esta situación se alarga casi hasta las 13:30, hora en que las tiendas de alrededor cierran. Y entonces ya no queda mucho para desmontar el tenderete, recoger los trastos que tenemos en medio de la calle, y cerrar a las 14:00 del mediodía para ir a comer, sentarme un momento en el sofá y volver otra vez a las 17:00 al trabajo, a abrir por la tarde, ya solito, sin mi no demasiado aventajado discípulo. La tarde, si resulta ser tranquila, que nunca se sabe, es el momento de terminar alguna devolución de revistas que haya quedado atrasada, o de hacer control de fichas de suplementos, porque mucha gente se queda colgada y tenemos que devolver los fascículos que no han venido a recoger, o llamarlos por teléfono y cosas por el estilo. Hay quiosqueros que pueden sentarse todo el día sin hacer gran cosa aparte de resolver los crucigramas del día y leer la prensa deportiva. No es mi caso, he probado alguna vez a leer un libro o hacer una partidilla a la “game boy”, y no es posible concentrarse porque la afluencia de gente es constante, y supone un continuo corte de rollito. Pero si es un día muy tranquilo, siempre se puede hojear el “fotogramas” o alguna revistita ligera.
Hasta que son las 8:30 de la tarde-noche y es hora de recoger, con el feliz pensamiento de que unas 9 horitas después toca volverse a levantar para abrir, ya que trabajo Domingo si, Domingo no.
Y... esto mas o menos sería un Sábado en el quiosco. Quizás falta detallar alguna anécdota sobre clientes psicópatas, principal motivo por el cual dimito del trabajo... pero esto será otro día... me voy, que precisamente es hora de ir a trabajar, y si no me espabilo, llegaré más tarde de la cuenta...

Jaumes, ex quiosquero.

Se aceptan ofertas de trabajo.


La carretilla de la muerte. Con ella llevaba cada día los periódicos al quiosco.

Comentarios

  1. Oye, muy divertida esta profesion de quiosquero, no?? Seguire leyendo tus cositas Mr. Jau!!

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  2. Ja no ets quiosquero?? I ara a q et dediques noi?

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  3. Pues te pega bastante ser quiosquero. En fin, yo no te imagino como notario metido en un oscuro habitáculo.

    Los quiosqueros son para mí un misterio. ¿Cómo conseguir que todos los fascículos que salen después del verano quepan dentro? ¿Cómo no preocuparse por los robos de las revistas expuestas a tropecientos kilómetros del puesto? ¿Cómo resistir a la tentación de no robarte a tí mismo? No sé, deben pertenecer a alguna secta francesa misteriosa en contacto con la masonería, digo yo...

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  4. desde luego
    tienes una vida màs interesante que la del beckam

    raiz cuadrada de lol
    elevado al cuadrado

    _ si no remato el mensaje
    con una gilipollez reviento_

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