viernes, 11 de abril de 2014

Quiero ser millonario


En estos tiempos en que he estado yendo y volviendo entre dimensiones paralelas, he pasado por diversas etapas que nos os he contado, como que participé como actor en un anuncio de TV de detergente Tide, para EEUU, que ha sido un soplo de aire fresco después de tantas tribulaciones. Tribulaciones que, como todo, me han servido para reflexionar sobre una cosa que de hecho ya tenía de sobras aprendida: no me gusta ser pobre. Aunque no me malinterpreteis, tampoco me entusiasma en demasía el dinero. Normalmente me conformo con tener lo justo para sobrevivir y permitirme algún caprichito de vez en cuando. Lo que hacemos en general toda la masa de ciudadanos de tercera o cuarta clase que ya no somos clase media, somos clase medianía. Y vamos, que me he hartado. Ya no quiero ser más tiempo un Miserable, no me gustan los dramas y no los escribo tan bien como Victor Hugo, lo mío es más la comedia. No es que tampoco quiera convertirme en miembro de la clase dominante o de la clase política, Dios me guarde, pero ya toca empezar a acumular fortuna y gloria, como decía el bueno de Indiana en el templo maldito. Así qué no os sorprendáis mucho si un día de estos decido acabar con todo esto y hacerme millonario, para variar y saber qué se siente. Por supuesto seguiré saludando a mis viejos amigos. A los de verdad, quiero decir, y a los que recuerde, porqué a menudo olvido a algunas personas, no por mala fe, sinó por mala memoria, o sea que si un día nos cruzamos en alguna fiesta chic y no os saludo ni nada, no me odiéis ni digáis "ahora que está podrido de pasta no saluda a los pobres". Habrá sido sin querer. Probablemente.