Diario personal, martes, 25-2-2014: Reflexión sobre mis miedos.

Cuando era pequeño me atracaban todos los quinquis de Barcelona. Parece que yo para ellos era una especie de rótulo luminoso que decía: "robadme", aunque nunca me quitaron más de 300 pesetas, porqué yo por aquel entonces era muy pobre e inocente. Llegué a coger cierto miedo a salir a la calle solo, una de las razones por las cuales fui muy poco sociable de niño, al contrario que mi hermano, que se crió en el barrio entre gamberrillos, como una especie de Bart Simpson. De todos modos tengo algunas anécdotas curiosas sobre este tema. Por ejemplo, había en Badalona un atracador que hasta te devolvía el cambio. Es decir, te atracaba a punta de navaja por valor de 200 pesetas, y si llevabas un billete de mil, no había problema, te daba el cambio y te decía muchas gracias. O más recientemente, una banda de tres melenudos que me desmoralizó de por vida, porqué después de cogerme por el pescuezo y revisar mi cartera, (llevaba unos 8 euros), me la devolvieron intacta y me soltaron riéndose de mí llamándome algo parecido a "pobre miserable". .. (Sic),  o ya menos divertido, una noche, de madrugada, iba yo con un amigo por mi barrio con un póster gigantesco plastificado de Angelina Jolie en Tomb Raider que había conseguido en el cine, cuando un coche lleno de discípulos del Torete se paró a nuestro lado, bajaron dos de ellos y me obligaron a enseñarles lo que era. Querían que se lo diera pero no quise, y uno de dentro del coche insistía en que nos montásemos, que nos llevarían a dar una vueltecita. Por suerte al final vino alguien caminando y nos dejaron en paz...
O sea que supongo que debo admitir que los quillos callejeros son uno de mis miedos,  he pensado que el mundo necesitaba saberlo.

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